Alcanzar la Paz
Cuando me refiero a la Paz, estoy refiriéndome, exclusivamente, al cese de la violencia de ETA y a los aspectos inherentes: presos, exiliados, abolición de la ley de partidos, cancelación del acuerdo antiterrorista, etc. todos estos aspectos, impulsados y mantenidos por los partidos españolistas PSOE/PP. No me refiero, pues, al gran concepto de Paz, que reque-riría otro tratamiento y que, además, es tal su envergadura y complejidad, que, en la práctica, no esta al alcance, en estos momentos, ni aquí, ni en ningún sitio.
Sin embargo, la autodisolución de ETA debería ser relativamente sencillo. Se trata de poner sobre la mesa unos elementos básicos: derechos humanos, principios democráticos, flexibilidad, dosis mínima de inteligencia... con estos ingredientes, y alguno más, se puede llegar al acuerdo para resolver un conflicto que, con más o menos intensidad, va a cumplir cuarenta y seis años. No se trata, de definir si ETA es invencible o no, de victoria o derrota, de vencedores o vencidos, como muchos, demasiados e incluso ministros, persisten, todavía hoy, en lo mismo. Dando muestras de un desconocimiento absoluto de la causa y circunstancias del problema, de la naturaleza humana, o tal vez, de intereses inconfesables.
ETA ya ha dicho, directa e indirectamente, que está dispuesta a renunciar a la lucha armada, o sea, al método utilizado hasta ahora. Lo viene diciendo, de forma insistente, desde hace bastante tiempo. Es el momento para que el gobierno de Madrid (PSOE) tome el testigo. ¿Será capaz de afrontar el reto con valentía, firmeza, dignidad, flexibilidad, inteligencia, principios democráticos y humildad?... he ahí la cuestión, la clave del éxito. Para ello, tendrá que pasar por encima de muchos ‘‘demócratas de pacotilla’’ y de muchos que les va fenomenal el conflicto. Mantengamos la esperanza.
Normalización
La normalización de Euskadi es harina de otro costal. Se trata de afrontar un problema sempiterno que no se ha encarado nunca con voluntad de resolverlo definitivamente y para siempre. Mucho más complejo que lograr la Paz, a la que me he referido en el apartado anterior. Algunos consideran que la normalización de Euskadi consiste, simplemente, en completar el Estatuto de Gernika, incluso, ajustándolo a la baja. Nada más lejos de la reali-dad. La normalización consiste, básicamente, en dar respuesta proporcional, a los sentimientos, aspiraciones y decisiones que democráticamente manifieste el Pueblo Vasco, la sociedad vasca, es decir, los ciudadanos/as que vivimos aquí, en la parte institucionalizada de Euskadi (la parte del Pueblo Vasco - Euskal Herria, de Iparralde y Nafarroa, requiere un tratamiento más específico). Desde el federalismo de libre adhesión hasta la independencia, pasando por el nuevo Estatuto Político acordado, por mayoría absoluta, en el Parla-mento Vasco el pasado treinta de diciembre. Debates, conversaciones, consensos muy difíciles, tal vez imposibles, en algunos casos, entre todos los agentes sociales y políticos.
Existe una dificultad permanente en estas cuestiones: el Nacionalismo Español excluyente, mantenido, a capa y espada, por los españolistas, (hace sólo unos días el ministro del ramo venía a decir, que los cuarteles de Loiola -Donostia- no se transferirían al Ayuntamiento de Donostia, para construir viviendas, porque constituyen un lugar estratégico para la defensa de la unidad de la patria española. Naturalmente, no se refería a un posible ataque de las tropas francesas, a sólo veinte kolómetros de la frontera...).
Esta ha sido siempre la gran dificultad en el Estado español, para que los distintos Pueblos que lo componen pudieran desarrollarse, con toda normalidad, libre y democráticamente, según sus sentimientos, aspiraciones, convicciones y su voluntad de decisión mayoritaria. Los nacionalismos de los Estados son los que hacen verdaderos estragos en la convivencia y estabilidad, provocando, de forma continuada, situaciones indeseables.
Es lamentable, que se refute, se desprecie, se condene, reiteradamente, a los llamados nacionalismos periféricos, haciendo abstracción, alegremente, del nacionalismo español, como si no existiese. Cuando, en realidad, es el auténtico nacionalismo, ultranacionalismo, el único que es de obligado cumplimiento (Art. 2 de la Constitución española en vigor) y si es preciso, se garantiza por la fuerza, no de la razón, sino, de las armas, por tierra, mar y aire, (Art. 7 -1 de la misma Constitución). Esto quiere decir, que los pesoistas, tendrán que realizar un esfuerzo monumental en su mente, para afrontar democráticamente lo que diga la mayoría de la sociedad vasca. No les va a resultar fácil, porque no han estado en esa frecuencia, prácticamente, nunca, y desde luego, en los últimos veinticinco años, en absoluto. Y además, no les va a ayudar nada algunos personajes de su misma organización, y, mucho menos, el partido popular y toda la parafernalia ultranacionalista española de los grupos afines y asimilados, instituciones del Estado y medios de comunicación.
(No me estoy refiriendo, obviamente, a todos los pesoístas ni a todos los que defienden de forma democrática el mantenimiento del Estado español tal y como está estructurado, pero que respetan, escrupulosamente, los derechos humanos y de los Pueblos a decidir libre y democráticamente su futuro). Sería muy importante, que el PSOE emprendiera una nueva trayectoria nítidamente democrática, que le permitiera, entre otras cosas, desprenderse del lastre del nacionalismo español excluyente, y respetase con naturalidad las decisiones de los ciudadanos/as que, siempre, están ubicados en algún Pueblo, Nación, Comunidad, Sociedad... en las cuales tienen o asientan sus raíces. Es obvio, que los ciudadanos/as no están levitando ni flotando en el aire.