Desgraciadamente, en esta ocasión, el terrorismo presente en Londres ha irrumpido trastocando -pese a discursos necesarios y habituales- el Orden del Día. Adicionalmente, la elección de la sede olímpica (confrontando Francia con el Reino Unido), la inestabilidad de Schroeder, el persistente fracaso USA (sobre todo aunque no único ) en Irak con mas muertos diarios que el atentado de Londres, y las auditorias anticorrupción en el seno de Naciones Unidas, el parón en la constitucionalista europea y el desmedido precio del petróleo, por citar algunas cosas, no han facilitado el clima necesario para afrontar medidas originales y valientes para trabajar en la erradicación de la pobreza.
Sin embargo, si el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial proclaman de forma reiterada su fracaso en el intento de conseguir los objetivos del Plan III Milenio, el esfuerzo y avance del G-8 condonando deuda de los países con menor renta per capita del Globo no es despreciable. Pero una vez más, insuficiente.
Es evidente que ni existe una receta mágica ni es posible acometer un problema de esta magnitud con una sola medida y mucho menos en el corto plazo. Condonar la deuda, incrementar los fondos para la cooperación al desarrollo, profesionalizar y optimizar los instrumentos de gestión (incluidas las ONG), medidas de discriminación positiva en el Comercio Internacional de productos con los países pobres y/o en desarrollo, suprimir las politicas continuas de militarización y armamento desde las potencias a los países en desarrollo,…educación, son una pequeña parte de la enorme batería de acciones a acometer. Además, conforme a las recomendaciones generalmente aceptadas, las ‘‘ayudas’’ deberían canalizarse en términos de Inversión estructural para favorecer (detonar) el desarrollo endógeno.
En este contexto, seria bueno aportar algunas opciones alternativas que pudieran ayudar a reducir, al menos, esta enorme brecha en el inmenso océano de la pobreza. Si bien no son si no unas pequeñas gotas de agua, sirvan de ejemplo para la inacabada reflexión:
1-.Erradicar la pobreza a través del beneficio
El profesor C.K. Parlad, gran gurú de la estrategia empresarial, lleva años apostando por la búsqueda de soluciones ‘‘de mercado’’ a la pobreza, en especial, en la India y Pakistán. Lidera (representa) un movimiento a favor del desarrollo económico y la transformación social pretendiendo ‘‘Invertir la Pirámide’’, de manera que el fondo piramidal constituido por mas de 4.000 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día, vaya reduciéndose, permitiendo que la población marginada ascienda peldaños hacia el vértice en el que entre 75 y 100 millones disfrutan de la crema de la tarta. Prahalad sugiere un cambio de paradigma (desde el llamado ‘‘capitalismo inclusivo’’ imperante en el mundo), rompiendo las barreras de la pobreza y activando el mercado (desde luego imperfecto, limitado y diferente) existente en ese fondo de la pirámide, favoreciendo su acceso a un mercado (diferente al del llamado primer mundo y globalizado ), potenciando marcas, interconexión, información y tecnología, generando capacidad de consumir, reinventando bienes y servicios adecuados a las poblaciones atendidas, desde la promoción de la dignidad y la capacidad de elección, otorgando confianza y credibilidad a/en la población local. Estos "ecosistemas de valor" así generables demandan nuevas infraestructuras y redes organizadas alternativas.
2-. Llevar la energía a las zonas aisladas
En el ‘‘fondo de la pirámide’’ descrito, conviven al menos, 1.600 millones de personas sin electricidad, en zonas aisladas y marginadas del desarrollo (en términos de lo que parecemos entender por ello)
Los últimos tiempos vienen poniendo de relieve la acelerada y desproporcionada escalada de precios del petróleo recuperando la intensidad del debate sobre la desaparición del petróleo en un horizonte maximo de 50 años, la importancia de las energías renovables (de verdad y no solo como apuesta ‘‘de juguete’’ para ganar imagen), la decidida apuesta tecnológica y regulatoria que favorezca una energía alternativa real, e incluso la vuelta a la energía nuclear (calificada como preferente y renovable en los Estados Unidos, recientemente). A la vez, los países (generalmente pobres o en desarrollo) poseedores de esta riqueza que se agota asisten a una importante (y comprendida) agitación social confrontándola a las multinacionales que extraen y explotan sus recursos. Todo esto exige la adecuada convergencia de intereses en torno a proyectos y escenarios diferentes de beneficio común.
En esta línea, merecería la pena, recurrir al reciente premio que las autoridades brasileñas han concedido a una empresa vasca, GUASCOR, por su exitosa experiencia en la Amazonia brasileña, no solo ‘‘llevando electricidad’’ a 1.5 millones de personas a lo largo de remotas aldeas aisladas, de la mano de micro energía y tecnologías alternativas, si no abrir una nutrida red de iniciativas y empresas locales, favorecedoras de intenso desarrollo endógeno, posibilitando la formación, el emprendimiento, la dotación de infraestructuras, la generación de ese mercado que comenta Prahalad y la eliminación creciente de bolsas de pobreza. Es hoy, una pequeñísima gota en el océano que se va extendiendo y que bien pudiera (debería) incorporarse a los mecanismos y programas de compromiso social, cooperación al desarrollo, responsabilidad social corporativa y, también, generación de negocio.
La mencionada Cumbre del G-8 y las Instituciones Multilaterales han hecho hincapié en la necesidad de apostar por infraestructuras y proyectos reales con impacto medible en el desarrollo local y no en ayudas genéricas o dispersas (escasamente controlables) a lo largo y ancho del mundo. He aquí una vía explorable.
3-. Generar un ecosistema de creación de valor en las comunidades en Desarrollo
Mas allá de las innumerables iniciativas y actores individuales que trabajan a lo largo y ancho del mundo a favor de la erradicación de la pobreza, la apuesta por una aproximación positiva hacia la "generación de valor" conlleva la revisión, reorientación y configuración de esas redes o ecosistemas que permitan acelerar el logro del reto que tenemos por delante. Desde las ONG's (legales, alégales, voluntaristas, eficientes, inclusivas…), el asociacionismo local (microempresas, autoempleo, cooperativas, empresas informales…), iniciativas y agencias locales, fundaciones e instituciones sin animo de lucro, instrumentos de cooperación al desarrollo institucionalizados…, y gobiernos con todo tipo de programas y niveles de apoyo institucional, existe una enorme capacidad para negociar los resultados globales. Conviene comenzar a reflexionar sobre los propios vehículos de la cooperación. El hecho de ser una ONG, o una Asociación sin ánimo de lucro , o administrar un programa para la cooperación al desarrollo ni es garantía de éxito ni tampoco, desgraciadamente, aval suficiente de buenas prácticas y mejor gestión. Hoy en día, los recursos que se destinan a la llamada cooperación al desarrollo y /o responsabilidad social de las empresas en zonas en desarrollo es inmenso. Los programas y modos de hacerlo innumerables, la gente implicada- desde voluntarios hasta profesionales dedicados en exclusiva a su gestión- crece de forma imparable. No obstante, la ineficiencia también está presente. Sería bueno concluir que no todo euro destinado a la cooperación está bien empleado. Podemos (Debemos) hacerlo mejor.
En este inmenso océano de pobreza, ante tanta oportunidad real de usar y aportar valor, merecería la pena un esfuerzo serio por refundar nuestro compromiso social, construir nuevos espacios de oportunidad e igualdad y favorecer el desarrollo de quienes hoy, sobreviven en el ‘‘fondo de la pirámide’’. La solución de este reto exige múltiples acciones de gran magnitud, sostenibles en el largo plazo pero podemos y debemos dar pequeños pasos.
Mas allá de nuestra responsabilidad social está, también, nuestro futuro de convivencia.