Cipayos

Cipayos
17
Agosto
2005
Opinión

El hablar con la mayor propiedad posible y sabiendo lo que se dice es algo que creo positivo. En cuanto a la palabra que titula estas líneas y que algunos usan en un determinado sentido es algo de lo que ya me he ocupado antes de ahora, pero que según veo sigue siendo utilizado de una manera, a mi entender, equivocada. Hace unos días leía un trabajo que vio la luz en La Plata (Argentina) el 27 de enero de este mismo año, titulado "De Corruptos y Cipayos" y he ahí mi sorpresa cuando en el mismo vuelvo a constatar el desconocimiento de lo que estos últimos fueron y supusieron con respecto al Imperio británico.

En dicho trabajo se afirma: "Es posible entender a un corrupto, el razonamiento es simple, el hombre piensa enriquecerse o simplemente se enriquece con sus acciones. Un cipayo o un colonizado es mucho más difícil de entender, porque este personaje en general no se enriquece, sino que simplemente sirve a un amo que va en contra de sus propios intereses y lo sirve de tal forma que cualquiera que lo vea desde fuera verá que es un hombre totalmente consustanciado con la causa que defiende". Pues bien, nada más lejos de la realidad.


Desde el siglo XV los portugueses comenzaron a establecerse en el sur de Asia, especialmente en la India; con fines comerciales. A los portugueses, en los siglos posteriores, les siguieron otros grandes navegantes de Europa, los británicos, franceses y holandeses. Con el tiempo, lo que comenzó siendo algo meramente comercial se convirtió en ambición política y rivalidad entre los propios europeos, de manera que, aprovechando las rivalidades existentes entre los gobernantes locales, trataron de lograr la supremacía político-militar. Al final fueron los británicos los vencedores, de manera que tras la batalla de Plassey de 1757 lograron el dominio de la India Oriental, el cual fueron extendiendo gradualmente por todo el subcontinente ya por anexión directa ya ejerciendo señoría sobre rajás y nawabs.


Los europeos prontamente utilizaron soldados nativos en sus luchas. A estos soldados los portugueses dieron el nombre de "sipay", palabra proveniente del persa "sipahi" que significa jinete, para desde esta formulación primitiva pasar al francés en la forma de "cipaye" y al resto de idiomas europeos.
En la década que empezó en 1840 comenzaron a estallar una serie de revueltas en la India. Inglaterra se había venido mostrando excesivamente confiada en este país, prueba de ello es el que en ese tiempo solamente mantuviera en ella 34.000 soldados británicos, junto con un cuarto de millón de soldados nativos (cipayos) que no se mostraban demasiado fieles a los ingleses.


Durante esta década el Imperio británico endureció su autoritarismo de una manera excesiva. El incremento de la religiosidad en la metrópoli conllevó, como característica básica de civilidad y de adhesión a la misma, a impulsar y promover inflexibles reformas religiosas en las colonias; las religiones autóctonas eran objeto de persecución o al menos de múltiples trabas. Como fácilmente se puede comprender el intrusismo extranjero en un tema tan íntimo como es el de las creencias religiosas, contribuyó aún más a levantar los ánimos de la población india.


En 1857, los británicos adoptaron para su ejército un nuevo rifle, el Enfield, la munición para esta arma venía desde fábrica revestida por una abundante capa de grasa. Estos cartuchos habían de ser mordidos, previa la carga, para liberar la pólvora. En los regimientos cipayos se extendió la voz de que la grasa provenía de cerdos y vacas y de que estos cartuchos no eran sino una estratagema para deshonrar a los propios indios, obligando a los cipayos a infringir las reglas de su religión.


Es cierto que las autoridades del Imperio actuaron rápidamente. Ya el mismo 1857 ordenaron que los cartuchos engrasados se suministraran únicamente a las tropas provenientes de la metrópoli y que los cipayos engrasaran los suyos con aceite vegetal, pero el mal ya estaba hecho y no se logró calmar el malestar generalizado. En marzo de este mismo año cayeron abatidos por los cipayos los primeros oficiales británicos. En mayo estalló el alzamiento general.


De todos los episodios que acaecieron a raíz de este alzamiento general quizás el más famoso sea el ocurrido en Cawnpore, ciudad de unos 150.000 habitantes a orillas del Ganges. En él unos mil ciudadanos británicos, entre los que se encontraban unas trescientas mujeres y niños, resistieron sitiados al enemigo durante dieciocho días. Al comienzo del sitio, la vida transcurrió con casi toda normalidad: no faltaba la comida, los niños jugaban normalmente, incluso se celebró una boda... y todo ello a pesar del constante fuego de los rifles y de la artillería que se mantenía día y noche. Según iban transcurriendo los días el panorama fue empeorando: la comida se restringió hasta una sola ración diaria, se tuvo que sacrificar caballos para disponer de alimento, las mujeres dieron su ropa interior para hacer tacos para las balas... Más adelante la situación llegó a adquirir tintes desesperados, no había agua, excepto la que podía obtenerse de un pozo que estaba fuera del campamento y los soldados que intentaban conseguirla la mayoría moría en la empresa, la temperatura era insoportablemente alta y varias personas murieron de insolación. El 12 de junio uno de los edificios se quemó y con él ardieron todos los abastecimientos médicos. No obstante, los ingleses siguieron resistiendo.


El 25 de junio los cipayos ofrecieron una tregua y dieron a los sitiados la oportunidad de que escaparan libremente a Allahabad, una ciudad que estaba a unos 160 kilómetros río abajo. Ni que decir tiene que los británicos aceptaron. La evacuación se inició al alba del 27 de junio. Los ingleses embarcaron en cuarenta navíos fluviales, vigilados atentamente por los cipayos armados. En cuanto subió el último inglés a bordo, los cipayos abrieron fuego contra las embarcaciones, todavía amarradas a la costa. Rápidamente la mayoría de los barcos comenzó a incendiarse y el agua a cubrirse de cadáveres y cuerpos que se ahogaban. Los jinetes indios entraron en el río y pasaron por sable a los supervivientes: todos los hombres fuero muertos. Las mujeres y los niños supervivientes fueron llevados a una casa cercana a la costa y mantenidos allí varios días bajo un calor sofocante. El 15 de julio varios hombres armados con sables y cuchillos entraron en la casa y exterminaron a todos los prisioneros, sus cuerpos fueron arrojados a un pozo seco próximo.


Este sangriento levantamiento, iniciado en 1857, se prolongó durante dos años y se le denominó la "Rebelión de los cipayos". Los ingleses de la metrópoli, en una expresión de "vigoroso cristianismo" clamaron venganza y así en el prestigioso "Times" podía leerse que debía lograrse el que de "cada árbol y alero del lugar comparta la carga, en la forma de un cadáver de un amotinado" y esta venganza se llevó a cabo. Ésta es la realidad histórica de los cipayos. Con mentalidad actual se les podrá juzgar de una u otra manera, pero de lo que no cabe duda es de que lo que se escribía en el trabajo citado al inicio del artículo, en el sentido de que "... sirve a un amo que va contra sus propios intereses... totalmente consustanciado con la causa que defiende", es decir, soldados traidores a sus compatriotas y vendidos a la causa británica, no deja de ser algo históricamente falso.

 
Bakoitzari berea, Jainkoaren legea.
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