Todavía hace tan sólo un par de meses, con ocasión de una Conferencia Internacional celebrada en Bilbao, coincidíamos con responsables del Gobierno, Diputaciones y de las organizaciones empresariales vascas charlando en relación con la, a mi juicio, escasa "presencia prioritaria de la Industria en el debate mediático y político del País". Se afirmaba que "la industria no está de moda" debido a la buena marcha de la economía y su crecimiento sostenido en la última década, la diversificación y auge de otros sectores como el de servicios y la concentración del interés y reclamo político en torno al "Estado de Bienestar y la distribución de la Renta". La generación de la misma habría desaparecido del mapa relevante y la sensación de disponer de una adecuada política y múltiples instrumentos -reconocidos- de apoyo anulaba cualquier intento por retomar su prioridad.
Sin embargo, basta repasar la prensa -sobre todo económica- de tan sólo esta última semana para encontrarnos una intensa presencia de noticias que advierten sobre lo mucho que la Industria importa en nuestro presente y futuro y lo especial -y compleja- atención que nos debería merecer. Así, podemos concentrarnos en la consideración del fenómeno simplificado como "deslocalización" los procesos de compra-venta de empresas y OPAs en curso, privatizaciones aún pendientes, beneficios y retribuciones del ejercicio anterior y la consiguiente actuación de los gobiernos y órganos reguladores.
Deslocalización
Desde la aparición con fuerza de la teoría y práctica de "las competencias esenciales" (Core competences) de Prahalad y Hamel y la consecuente obligada "externalización de lo no esencial", las empresas vienen emprendiendo un imparable proceso de "deconstrucción" de sus actividades desplazadas a lo largo del mundo en busca de una mayor productividad. Desplazamiento que viene acentuado por el excesivo peso del beneficio de accionistas y directivos obtenible tras el crecimiento por el tamaño, la sabia llamada "trampa China e India" abaratando costes manufactureros y la excesiva concentración empresarial tras la simplificadora receta del libre mercado y la globalización. Filosofía de pensamiento único que parece obligar a seguirla con fe ciega sin cuestionarse su viabilidad para un país determinado, para una empresa concreta y/o para los trabajadores y ciudadanos de hoy y mañana. En los 80, el primer mundo debía abandonar la producción, hoy debe producir todo en exclusiva en China. Máxima propagandística que conduciría a sociedades como la vasca a renunciar a uno de sus mayores activos.
Pero si el mercado pareciera funcionar (lo que no parece evidente como veremos en el siguiente punto cuando hablemos de OPAs) no parece tan razonable que empresas que se han beneficiado de importantes ayudas públicas (desde subvenciones a la inversión y al empleo, apoyos en I+D, política de compra pública, tratamiento fiscal especifico o incluso, prejubilaciones anticipadas) se deslocalicen con tanta facilidad, Nuevas voces pidiendo reformas administrativas y legislativas o incluso un fondo de 500MM de euros lanzado por la Unión Europea parecen ir al rescate, si bien entran en contradicción con sus propios principios rectores de la política económica que proponen.
Cabe señalar que el verdadero camino no es ni el de la sanción ni el de colocar barreras artificiales a un proceso imparable. Las empresas, lo mismo que lo hicieran hace siglos, se mueven a lo largo del mundo, adaptándose a sus mercados objetivos y a sus supuestas ventajas comparativas. Por tanto, gobiernos y empresas debemos entender el verdadero contenido de la competitividad como fuente de prosperidad sostenida en el largo plazo. Necesitamos estrategias "completas" que incidan sobre la totalidad de los factores que hacen que nuestros territorios -en este caso Euskadi- sean unas autenticas plataformas competitivas en las que las empresas que aquí operen lo hagan en condiciones únicas y de liderazgo en sus respectivos espacios de actividad y negocio. Contamos con una estupenda base para lograrlo. Somos una economía moderna con un creciente potencial pero que no puede bajar la guardia y si, por el contrario, reforzar su compromiso con intensidad renovada. El proceso Foro 2015 para la competitividad, propiciado por el Gobierno vasco, así lo propone, Resulta trascendental instrumentarlo con energía y rapidez.
OPAs, Libre mercado y deslocalización
Tres OPA distintas sobre la mesa nos llevan a consideraciones diversas.
La Unión Europea, los gobiernos de sus Estados miembro y las organizaciones económicas internacionales pregonan el libre mercado y la libre competencia como valores referentes e irrenunciables. De igual forma, se empeñan en proclamar la auténtica separación empresa-gobierno y la no injerencia política en la gestión empresarial. La realidad es muy distinta. Tan sólo repasemos una breve y cercana hemeroteca de la mano de los ministros Solbes y Montilla (para no perdernos en cientos de declaraciones y actores) y observaremos con la facilidad con que se pasa de las alabanzas al mercado y a los Tribunales de la Competencia y Órganos Reguladores a su denostada descalificada actuación. Se reclama a Italia o al Reino Unido no antepongan criterios "nacionalistas y cerrados" ante opas de la banca "española" y, a la vez, se rechaza cualquier OPA "inglesa" del acero por "atentar contra el profundo sentimiento europeo" de la empresa opada. Se trata de una "libre decisión de los accionistas" cuando son los gobiernos los que asumen protagonismo utilizando múltiples instrumentos para lograrlo. Esta doble actitud distorsiona la verdadera comprensión de las ofertas, sus planes industriales y de negocio y sus estrategias económicas. ¿Es mejor para la competitividad de la industria del acero vasca, por ejemplo, la celebración de Consejos de Administración en francés que en inglés, en Luxemburgo que en Londres? , por el contrario, ¿resulta mas relevante conocer su estrategia, definir compromisos con las empresas del País y saber que harán con sus centros de producción, I+D, formación, compras, empresas relacionadas y compromiso de responsabilidad social en Euskadi? ¿Unos y otros contemplan cerrar o vender alguna planta en Euskadi? ¿Por qué y para qué? La clave está en saber que debemos hacer para garantizar que unos u otros, cuando tomen decisiones, se encuentren con un espacio claramente competitivo que les lleve a apostar, con naturalidad por Euskadi. Éste es nuestro verdadero reto que solamente será abordable con estrategias compartidas público-privadas.
Conviene destacar, una vez más, que la separación empresa-gobierno es falsa (en especial en industrias claramente reguladas) a la vez que insistir en que la verdadera competitividad de una economía exige estrategias competitivas (de competencia y colaboración a la vez) entre el mundo público y el privado, entre las empresas y los gobiernos. Eso sí, desde visiones y estrategias claras, actuaciones e instrumentos transparentes y soportadas en mecanismos adecuados de control y seguimiento.
Adicionalmente y afectando a todas estas cosas, conviene recordar una vez más la creciente presencia de los Fondos de Inversión (sobre todo americanos) en la propiedad de las principales empresas en cuestión. Son ellos quienes tienen la clave última en la decisión (OPAs, deslocalización, resultados exigibles, ejecutivos y administradores).Especialmente relevantes, si cabe ante la ausencia de corporaciones industriales o similares potentes en nuestro País. ¿Gestionamos su presencia en nuestro modelo industrial competitivo? Surge la inevitable vuelta al principio, la industria es demasiado importante para una sociedad como la nuestra que aspira a vivir un futuro de prosperidad.
El camino es complejo. La competitividad exige una clara visión y una estrategia comprehensiva. No se conseguirá si nos inhibimos, si entendemos que existen alternativas y si no damos coherencia a una estrategia que posibilite actuar con claridad. Sólo así nos acercaremos a potenciar el papel que los diferentes agentes económicos, sociales e institucionales deben jugar. La industria sí importa. Con ella nos jugamos nuestro bienestar.