Admirado Pablo: Eres víctima de un Estado de Derecho que es una burla. Como decía Gandhi: "La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad". Contigo (y otros muchos) se han vulnerado derechos esenciales como la presunción de inocencia o el secreto de sumario. Pero no les importa. La derecha más recalcitrante se ha hecho dueña de los valores y conceptos democráticos para utilizarlos a su antojo, mientras los socialistas miran para otro lado.
Has luchado por una justicia independiente que hoy se instrumentaliza al servicio de objetivos electoralistas. Has defendido una democracia que hoy no reconoce tu derecho a discrepar. Has sido adalid de una libertad que hoy niega, injustamente, tu derecho a disfrutarla. Lo peor es que, salvo contadas excepciones geográficas y poco influyentes, la sociedad española asiste impasible y hasta complacida a la degeneración del Estado de Derecho que dice defender.
Sabes que no hay necesidad de buscar palabras solemnes para defender la democracia, la justicia o la libertad, bastaría con hacer un ejercicio de responsabilidad, pero esta actitud viene acompañada por el talento y, como dijo Platón en boca de Sócrates: "Donde se aprecia la riqueza no hay lugar para el talento". Ése es el cáncer de la sociedad occidental: la riqueza o el deseo irrefrenable de alcanzarla adormece la responsabilidad de los ciudadanos.
A partir de esta situación la sociedad dominante mira hacia otro lado, hace oídos sordos a la vulneración de derechos civiles fundamentales y quienes padecen la pérdida de libertad, como es tu caso, terminan siendo "acusados de subversivos y de oponerse a la democracia". Y esto no lo decimos nosotros, también fue Platón quien avisaba cómo una democracia opulenta y ociosa conduce a la demagogia en manos de políticos que se hacen pasar por defensores del pueblo y prometen devolver el orden y la justicia en nombre del Estado de Derecho.
En este sentido, no podemos quitarnos de la cabeza una duda y un temor ante la posibilidad de que la política esté instrumentalizando la justicia en contra de personas, medios de comunicación o ideologías incómodas porque actúan con un sentido crítico e independiente que descubre las miserias del poder establecido. Es el caso de los periódicos que diriges, consolidados en Navarra, Gipuzkoa y Álava gracias a una línea editorial objetiva desde un prisma vasquista que no debe confundirse con siglas de partido.
Pero con tu detención e incomunicación, junto a la publicidad de unos supuestos delitos, se desprestigia una ideología que reivindica, desde la palabra, la solución a un conflicto político que lleva camino de los dos siglos, como también se desprestigia un proyecto periodístico basado en el código deontológico de la información independiente. Estos, y no otros, son tus delitos .
Eres, por tanto, víctima oportuna para un tribunal excepcional heredero del franquista de Orden Público: la Audiencia Nacional, donde nadie parece dispuesto a reflexionar sobre el legado filosófico-jurídico de William Blackstone: "Preferible es que diez culpables escapen a que un inocente sufra" y hacen valer, por la fuerza el imperio de la ley (como la Ley de Partidos), lo temido y expresado por Blas Pascal: "La fuerza sin justicia es tiranía".
Así han actuado contigo. Desde ese tribunal excepcional han vertido la calumnia infame donde se te imputa los mismos delitos que tú aborreces y aunque quedes en libertad sin cargos, como mereces, sabes, y sabemos, que siempre habrá algún demócrata que lo recuerde, mientras algunos jueces de ese tribunal actúan con impunidad (¿quién juzga a los jueces injustos?), auspiciados por un órgano político como el Consejo General del Poder Judicial y con el aplauso de partidos, cuyos dirigentes no condenan las atrocidades del franquismo. Y todo ello en medio del incipiente, deseado y necesario proceso de paz en el que la mayoría de los ciudadanos vascos ha puesto su esperanza para poner fin a un conflicto político que tanta muerte, extorsión, sufrimiento y tragedia han propiciado. Era (y es) una gran oportunidad para que los jueces, como decía ayer el fiscal Carlos Jiménez Villarejo, apuntalen "un proceso de paz, porque la finalidad de los jueces es acabar con el delito y un proceso paz acabaría con los delitos", pero el deterioro democrático es de tal magnitud que sólo los ilusos, como tú, sueñan con esa Arcadia feliz.
A la vista está el pago que recibe tu sueño. Hoy, una mayoría de esa ociosa y acomodada sociedad celebra tu detención en nombre de la libertad, pero son simples suicidas. "Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser", dijo José Ortega y Gasset.
Esto no es un consuelo, sino una realidad turbadora. Si dejamos de ser quienes debemos ser..., ¿qué nos queda? NADA. Por ello, por ti y por todos los que, como tú, padecen la fuerza de una justicia mediática injusta, habrá que seguir luchando para evitar que los tiranos terminen imponiendo un Estado de Derecho que es una burla.
Desde la libertad condicionada por la Audiencia Nacional..., enviamos un fuerte abrazo para quien puede presumir de su libertad de espíritu.