Recientemente el Ayuntamiento de Bilbao estrenaba su primer Debate sobre el estado de la Villa. Como no podía esperarse de otra manera, sirvió para recordar los proyectos de futuro (en visión realista del alcalde y su equipo de Gobierno) y de la "supuesta" carencia de proyecto (versión reiterada y cansina de la oposición). De una u otra forma, hemos podido constatar, de forma objetiva, la innegable "segunda transformación de Bilbao".
Más allá de nombres y etiquetas, una de las cuestiones esenciales -y previas- sobre el futuro de Bilbao es su apuesta o no por ser una ciudad industrial. Heredera de su historia, parecería que la "primera transformación" supuso transitar desde su base y proyección industrial hacia una ciudad de servicios. Para muchos observadores sería ésta la clase de éxito, inundando la literatura de revitalización que ha situado nuestra villa en un lugar especial en el mundo de las estrategias de las ciudades (bien como ciudad de la cultura, o del conocimiento, o de los servicios). Sin embargo, conviene llamar la atención sobre posibles errores simplificadores que llevan a definir las ciudades -y los territorios- de forma excluyente.
Bilbao, como Euskadi, no sólo es una ciudad-región industrial y de servicios sino que, además, debería centrar la garantía de riqueza y bienestar futuros en la adecuada combinación de servicios especializados y avanzados, con base industrial y tecnológica, en una clara apuesta de competitividad e innovación. La "Euskal Hiria", o ciudad-región Bilbao-Euskadi (por entendernos) debe construirse sobre la idea clara de un territorio inteligente y creativo, al servicio de sus ciudadanos, en un horizonte de privilegio (líder europeo y mundial, en los primeros lugares del ranking de desarrollo humano y competitividad). Para garantizar dicha prosperidad, necesitamos reforzar y resultarán imprescindibles todas las infraestructuras ya planificadas y en marcha (culturales, universitarias, socio-sanitarias, de transporte y comunicación, de ocio y deportes, comerciales y turísticas…), pero, también, su decidida apuesta por la industria bajo tres premisas interrelacionadas:1) considerar como su espacio natural no solamente el ámbito municipal, sino su extensión sinérgica a la mega metrópolis; 2) optimizar el escaso espacio disponible para actividades propias de negocios industriales (mantenimiento, logística, servicios industriales) imprescindibles para el desarrollo de la actividad económica local; y 3) promover la creación y desarrollo empresarial asociado con las ofertas culturales, académicas y de servicios que se pretende ofrecer.
En esta línea, mientras Bilbao celebraba su citado pleno, en Nueva York, por ejemplo, el alcalde Bloomberg ofrecía el primer informe anual sobre su iniciativa ("La oficina del alcalde para el desarrollo de los negocios industriales y manufactureros") que, bajo una especifica política industrial para la ciudad, promueve la definición y desarrollo de zonas industriales, iniciativas para la innovación industrial en el largo plazo, medidas de promoción de empleo y formación. El último año destinó 28 millones de dólares a través de incentivos fiscales. Esta política ha reforzado usos mixtos en determinadas zonas, programas público-privados para reactivar el uso de locales e inmuebles, traslados ordenados de determinadas empresas (talleres, almacenes, industria auxiliar, etc) imprescindibles para el funcionamiento de la Ciudad.
Es sólo un ejemplo en una ciudad que pocos definirían como "ciudad industrial". Más bien disputa a Bilbao su presencia entre las llamadas "ciudades de la economía creativa" y observamos, en ella, una decidida estrategia para preservar el sector industrial y manufacturero en la ciudad.
En definitiva, nadie con objetividad y perspectiva puede cuestionar la exitosa llamada en estos días "primera transformación de Bilbao". El salto ha sido de gigante. Nadie tampoco puede cuestionar el esfuerzo que se realiza hacia esa "segunda transformación". El verdadero reto está en mantenernos en ese selecto grupo de liderazgo para recorrer un larguísimo camino aún pendiente. Ese camino exige una renovada visión, una estrategia completa, los instrumentos adecuados para llevarla a cabo y el compromiso participativo institucional y ciudadano.
Bilbao ha venido trabajando con decisión en una bien ganada revitalización. Acertadas estrategias, eficaces instrumentos y exitosos proyectos nos permiten disfrutar de una cada vez mejor y solidaria ciudad. Como siempre, toda ciudad vive una estrategia inacabable. Esperemos que, igual que el País en su conjunto, comprendamos el valor de la industria, su peso en nuestra economía y el relevante papel a jugar en el bienestar de nuestros ciudadanos. Que seamos capaces de incorporarla a la apuesta de una "ciudad completa" (ni sólo de servicios, ni sólo de industria). Transitemos con decisión hacia espacios de la economía creativa, configurándonos como una "ciudad inteligente", generadores de riqueza y prosperidad. Un reto atractivo. Y, a juzgar por la experiencia, posible.