Repensar un sistema sanitario de éxito

Repensar un sistema sanitario de éxito
18
Septiembre
2006
Opinión

Tras un período vacacional formal, volvemos a enfrentarnos a los asuntos pendientes y/o perpetuos que nos preocupan y ocupan. Entre éstos, con máxima prioridad, la salud y más en concreto la validez y eficiencia de los sistemas de asistencia socio-sanitaria imperantes a lo largo y ancho del mundo, en su aplicación a nuestro ámbito.
En este contexto, en estos últimos días hemos tenido la oportunidad de recibir tres líneas de mensaje, en principio desde distintas fuentes y con diferentes intenciones y destinatarios, pero que encierran una poderosa aproximación a la manera de cuestionarnos el futuro de nuestro sistema de salud, su gestión, la asignación de recursos (sobre todo públicos) que conlleva y los indicadores y sistemas de medición. Líneas que, a mi juicio, sería conveniente incorporar al mandato del Parlamento Vasco, por el que ha solicitado un Informe-Valoración del Sistema Sanitario Vasco más allá del extraordinario y garantizado apoyo y grado de satisfacción y calidad del que hoy goza, para su revisión en próximos días.

Para esto, merecería la pena repasar las sugeridas líneas de pensamiento señaladas:

1. Redefinir el sistema de asistencia sanitaria.

De la mano del recién publicado libro de Michael E. Porter y Elizabeth Teisberg ("Redefining Health-Care") nos adentramos en una nueva manera de explorar la competitividad del sistema sanitario, apostando por la competencia en torno al valor que el sistema aporta al paciente y en pos de resultados no ya proceso a proceso o por enfermedad, sino a lo largo de la vida del ciudadano -durante largas etapas, convertido en paciente- en un compromiso de suma positiva y no de beneficio parcial y excluyente entre los diferentes agentes del sistema.

Los detractores de siempre se apresurarán a descalificar esta publicación argumentando que se trata de un "modelo muy americano". Convendría recordar, por ejemplo, que Estados Unidos es hoy el país con mayor gasto sanitario per capita en el mundo, a la vez que cuenta con el mayor grado de insatisfacción por su sistema, agravada en la medida en que opinen los sectores de población de menores niveles de renta. Un ejemplo de entre las múltiples causas que explican el bajo resultado alcanzado en las innumerables y fracasadas estrategias a lo largo del tiempo y que permite, de entrada, descartar la simpleza que asocia el éxito o panacea del sistema, en exclusiva, con el mayor o menor volumen presupuestario asignado a la sanidad y sus gestores.

Los citados autores realizan un extraordinario trabajo (años de investigación y contraste) para identificar y proponer los principios de una competencia positiva orientada al valor y no al coste. Su análisis evitaría discusiones y confrontaciones anacrónicas entre los diferentes agentes del sistema y superaría el inacabable y cansino conflicto entre el nuevo incremento comparado del gasto per cápita y el paralizante "igualitarismo" entre sus miembros. (¿Por qué nos parece normal la diferencia salarial entre una estrella del fútbol y un jugador cualquiera y, sin embargo, un sacrilegio marcar diferencias entre los profesionales de la Sanidad en un hospital?). Repensar algunos principios propuestos sería de gran utilidad: la focalización en el valor para el paciente y no en la reducción de costes, orientación a resultados y no a indicadores de proceso y acto médico, ciclo completo de la atención y no sólo las condiciones medicas, la alta calidad al servicio de todos, apertura y flexibilidad en la asignación de pacientes en hasta hoy rígidos mapas sanitarios, transparencia y medición en la gestión, premiar la innovación y la excelencia…

2. La llamada "salud temprana", se ha venido a unir a estas reflexiones. Así, la apuesta comercial por la aplicación de la tecnología a la salud permite sugerir una nueva apuesta por la inversión (y redefinición) de procesos y gestión del sistema, orientada hacia el diagnóstico, la predicción y prevención en lugar del tradicional esfuerzo en "curar enfermedades". No ya sólo en términos de salud y calidad de vida, sino, también, atendiendo a costes y beneficios económicos en una cuenta de resultados (ciudadano-País) bien hecha, en el largo plazo, a lo largo de la vida.

3. Y así, para facilitar/provocar el debate, el "niño malo" de Hollywood, Michael Moore, anuncia su nueva entrega (‘Sicko’), destrozando el sistema sanitario estadounidense a favor de un modelo de inspiración universalizador. Elemento provocador que favorecerá, en los próximos meses, el ruido apropiado para tratar de incorporar las reflexiones de los puntos anteriores 1 y 2 a la generación de un sistema de provisión y asistencia universal, en competencia, hacia su optimización.

Sabemos que cada sistema de salud, pese a normas homologadoras y planteamientos generales de unicidad, es diferente. No obstante, diferentes líneas de pensamiento deberían ser empleadas para comprender que no hay nada tan paralizante como el pensamiento único, la autocomplacencia y el éxito comparado.

En Euskadi gozamos de un muy buen sistema de salud. Es fruto del esfuerzo y compromiso de todos sus agentes a lo largo de los años. Es y debería seguir siendo un pilar esencial de nuestro irrenunciable sistema de bienestar y prosperidad. Y precisamente por esto, resulta imprescindible, con calma pero sin pausa, reinventarnos un modelo orientado a un incremento progresivo y permanente de valor. Sin duda, podemos y debemos hacerlo. Nos jugamos demasiado en esta apuesta. Merece la pena escuchar otras voces.

En definitiva, un buen momento para seguir avanzando, más allá de un nuevo informe de impacto basado en el mismo marco, los mismos indicadores y los mismos agentes.





Dos enfermeras atienden a un paciente en un hospital de la CAV. Archivo


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