JOSU JON IMAZ
EAJ-PNV no admitirá que la violencia de ETA tutele el proceso político

JOSU JON IMAZ <br>
EAJ-PNV no admitirá que la violencia de ETA tutele el proceso político
18
Noviembre
2006
Documentos EBB

Vivimos un momento en el que la esperanza de alcanzar la paz nos obliga a todos a actuar con responsabilidad. EAJ-PNV no va a ahorrar esfuerzos en este camino. Conscientes de que vamos a encontrarnos con dificultades y crisis en el proceso. Pero con firme voluntad de superarlas a través del diálogo y el encuentro.
Batasuna ha dicho que el proceso vive “una crisis y un bloqueo”. Y que “negar la crisis es la peor de las recetas”. Si Batasuna cree tener elementos para decir que hay un bloqueo, no seremos nosotros los que lo neguemos. Pero sí queremos afirmar que el posible bloqueo tiene poco que ver con la falta de voluntad de diálogo de los agentes políticos, o con la falta de avances en la agenda política, el calendario o la metodología del diálogo político.

Queremos subrayar el esfuerzo e, incluso, los significados avances que en esta materia se han llevado a cabo en los últimos tiempos. Queremos subrayar también el camino de diálogo que las diferentes formaciones políticas vascas, Batasuna incluida, estamos emprendiendo en los últimos meses. Un diálogo que busca avanzar y ayudar desde la política en posibles acuerdos que sirvan para asentar las bases de la convivencia, y para que todos sientan que el conjunto de proyectos políticos democráticos pueden ser defendidos e, incluso, materializados si cuentan con el suficiente respaldo ciudadano. Desde el respeto a los marcos jurídicos actuales, pero utilizando sus potencialidades de una forma abierta, de manera que respetemos también los marcos jurídico-políticos que la ciudadanía determine democráticamente en un futuro.

Batasuna asegura que, para resolver las posibles crisis y bloqueos, es necesario conocer y determinar las causas de las mismas. Pues bien, EAJ-PNV conoce la razón principal de la crisis y el bloqueo, que no es otra que el deseo de ETA de supeditar la política a las armas. Es decir, la tutela que, desde la amenaza de la violencia, ETA quiere ejercer sobre el proceso político. Y eso, desde EAJ-PNV, no estamos dispuestos a admitirlo. ETA no va a condicionar el diálogo político, y el Partido Nacionalista Vasco no acepta el esquema que, nuevamente y vulnerando la propia Declaración de Anoeta, se esgrime públicamente --quizás para satisfacer situaciones propias-- de paz a cambio de que unos proyectos políticos salgan adelante por encima de la voluntad democrática de la ciudadanía. Este es el problema de fondo.

Para romper esta espiral, ETA y el gobierno del Estado deben implicarse de verdad, en serio, en un proceso de conversaciones en el marco de la resolución del Congreso de mayo de 2005, para avanzar en un final dialogado de la violencia. ETA debe dejar de tutelar el diálogo político democrático, con amenazas explícitas de volver a la violencia si lo que pudiéremos acordar los partidos no le gustara.

Los partidos políticos, todos, debemos seguir mientras tanto trabajando desde la política por la paz y la normalización. Profundizando en el diálogo. Salvando esta dificultad y esta crisis para que volvamos a la senda de la esperanza y de la solución. Cada uno desde lo que representa políticamente. Sin tutelas. Para que consolidemos los avances en las bases y en la metodología para el acuerdo político. Un acuerdo, libre y democráticamente decidido por la ciudadanía vasca, sin amenaza alguna de violencia, injerencia o coacción.

Nunca como hasta ahora se han dado condiciones tan claras para un diálogo incluyente y para poder ir cerrando el problema político. La solución puede estar al alcance de nuestra mano. Tenemos que aprovechar esta oportunidad. Hemos avanzado mucho en la relación entre formaciones políticas diferentes --salvo quien se auto excluye-- durante estos últimos meses. Es el momento, a pesar de las dificultades, de seguir discretamente en el diálogo, de perder el miedo al vértigo, de señalar la imposibilidad de procesos de diálogo que no sean sobre bases sinceras. Es decir, sobre la base de que dialogar supone escuchar y atender las circunstancias y razones del otro. No podemos echar todo este trabajo por tierra.
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