La disyuntiva del centro francés

La disyuntiva del centro francés
21
Mayo
2007
Opinión

El concepto de ´victoria pírrica´ es de sobra conocido. De forma inversamente similar podría hablarse de una ´derrota parta´. Refieren los antiguos que los partos luchaban en sus guerras retrocediendo siempre pero sin huir o dar la espalda. Cuando los atacantes cantaban victoria y dispersaban sus líneas, los partos reagrupaban las suyas en un movimiento envolvente por derecha o izquierda y transformaban lo que parecía una derrota en una victoria inesperada. Los franceses tienen también una expresión muy gráfica: ´reculer pour mieux sauter´. Algo semejante está haciendo François Bayrou. No superó la primera ronda electoral (si lo hubiera hecho las encuestas más fiables le daban ganador frente a Sarkozy), pero no ha cejado en su lucha aun a riesgo de quedarse aislado. Sufrió sin desanimarse todos los embates de unos medios de comunicación adversos y de dudosas encuestas.
Al día siguiente de la primera vuelta de las elecciones francesas, los medios, algo contritos, señalaban que los resultados del centro -multiplicando por tres los de 2002- unidos a la alta participación eran el rasgo definitorio de estos comicios y le atribuían a él y a sus 7 millones de votantes la llave de la segunda ronda. ¿Qué hacer? Por una parte, Bayrou podía haber pactado, sacando buena tajada, a cambio de su 18%. Podría incluso haberse convertido en primer ministro. Pero esto sí que habría sido una victoria pírrica, y Bayrou habría perdido un partido para pronto engrosar el multitudinario limbo de primeros ministros prejubilados.

Por otra parte, podía dar libertad de voto a sus electores (a los que no habría podido dirigir de todas formas) manteniendo su neutralidad, su lucha como contrapoder crítico respecto a los dos bloques y su libertad de mirar a izquierda y derecha cuando el viento de la razón soplase de ese lado. Parece que esto era lo más inteligente que podía hacer, y Bayrou anunció que no votaría a Sarkozy rompiendo así su tradicional alianza con la derecha. El riesgo: que se le transfuguen las huestes (22 de sus 29 diputados han anunciado su apoyo a Sarkozy para asegurarse su reelección en listas comunes UMP/UDF) y volver a un resultado pobre en la legislativas, tal vez insuficiente -sin el apoyo de la UMP en listas comunes- para formar grupo parlamentario, para lo que se requiere un mínimo de 20 diputados. Esto sería su muerte política. El riesgo de una estrategia parta. Gran dilema.

Mientras tanto, dado que un 65% de los franceses quieren ver a Bayrou jugar un papel más importante en los años que vienen (10% más que en abril), el centrista ha anunciado la creación de un partido demócrata que se llamará Movimiento Demócrata (MD). Será una fuerza "rassembleur" para cambiar drásticamente la política francesa reducida a la tectónica de dos bloques, ya que buscará gobernar aunando y no dividiendo voluntades y por ello se diferenciará incluso de la vieja UDF, «que miraba sólo de un lado». Un partido que preconizará una Europa potente aunque plural y federal respetando la diversidad cultural y territorial de los franceses y europeos. Los descontentos con el viejo polémico y artificial "clivage" izquierda-derecha ya no tendrán que manifestar su disconformidad votando al Frente Nacional de Le Pen. Algunos como Borrell, taimada o equivocadamente, ya hablan del «extremo centro».

Será un nuevo partido que llega en la estela del Partido Demócrata Europeo creado hace tres años y del Partido Demócrata Italiano -en gestación por la anunciada fusión del Margherita y de Democratici di Sinistra (DS)- y con un parentesco algo mas lejano con el Partido Demócrata de EE UU y más específicamente con su principal caucus "new democratic coalition", que lidera Ellen Tauscher. Con todos ellos se acordó en 2006 la creación de una alianza mundial demócrata.

Tras la victoria de Sarkozy se corre un riesgo grande de que éste se endiose, sobre todo si gana con mayoría aplastante las legislativas de los días 10 y 17 de junio. Bayrou, tras felicitarle, ha advertido de que «el poder absoluto puede ser confortable en apariencia, pues no hay nadie para evitar que te equivoques (...). Hay que equilibrar el poder, y éste es el objetivo de las legislativas». Antes del 6 de mayo, Bayrou dijo que Sarkozy representa un poder aherrojante e intimidante del que teme que pueda agravar los problemas de la democracia y la fractura del tejido social. El presidente electo ya ha replicado amenazando con aplicar el rodillo y anunciando que opondrá candidatos UMP a todos los candidatos UDF (o MD) que no le rindan la pleitesía de permanecer en la mayoría presidencial todo el quinquenio.

No hay regalos: nadie será elegido con votos UMP para después hacerle oposición, como en 2002-2007. El campo de Bayrou ya ha respondido anunciando que pasará a la oposición y presentará candidatos en las 577 circunscripciones, si bien brindará apoyos puntuales al Gobierno cuando la propuesta los merezca (por ejemplo, en el tema de la adhesión de Turquía a la UE, cuestión contra la que Sarkozy -al igual que Bayrou- se ha posicionado claramente, indicando que la ausencia de un límite definido supondría diluir y debilitar la UE y convertirla en una organización imposible de gestionar) y no le criticará por definición sino por razón (por ejemplo, la ojeriza de "Sarko" al euro fuerte y sus veleidades de obtener control político sobre el Banco Central Europeo). Para Bayrou esta actitud supone un salto en el vacío.

Por su parte, Royal dijo tras la elección querer «profundizar la renovación de la izquierda, buscando nuevas convergencias más allá de las fronteras actuales», en una clara alusión al centro político de Bayrou. Lo más plausible es que haya un acercamiento táctico entre ambos. Pero ¿quién va a liderar ahora al PS? ¿Ségolène, Hollande, Strauss-Kahn? Una debacle por desunión de los socialistas permitiría a Bayrou recoger muchos de los pedazos rotos para enfrentarse un día a unos conservadores "derechizados" por Sarkozy desde una posición de centro. Bayrou buscaría precipitar una recomposición política pasando por una alianza o incluso una "opa" entre centristas y socialdemócratas que podría conllevar acuerdos de desistimiento electoral.

De repetir "score", el nuevo Movimiento Demócrata podría de verdad consolidarse e incluso aspirar a arbitrar la gobernabilidad gala un poco al viejo estilo Genscher en Alemania. Esta carrera a tres postas o "ménage à trois", según se mire, sería fascinante.

Aún es pronto para hacer cábalas, pero el resurgir del centro democrático en Francia, con sus mejores resultados electorales en 30 años, puede anunciar una importante tendencia política para rellenar un clamoroso vacío y extenderse a otros países del Viejo Continente de aquí a las elecciones europeas de 2009. Un centro defensor del modelo social europeo y del multilateralismo en las relaciones internacionales cuyo objetivo fundamental sería la unión europea lograda bajo el control y con la participación democrática de los ciudadanos y no sólo de los tecnócratas. En cuanto a Bayrou, ya anunció hace años su programa con calendario: «Me presento en 2002, saco dos dígitos en 2007 y gano en 2012». Por ahora va cumpliendo sus expectativas. Pero, en la política actual, ¿se pueden hacer cálculos fiables a cinco años?
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