Para EAJ-PNV, la sanidad pública es una prioridad a la que ha dirigido grandes esfuerzos. Legislatura tras legislatura, nos hemos comprometido a modernizar nuestro sistema sanitario, a mejorar infraestructuras y equipamientos, a incrementar y consolidar la plantilla, a impulsar la investigación y la innovación y a ofrecer nuevas prestaciones.
Pero hay que seguir avanzando. La sociedad vasca tiene derecho a una sanidad pública moderna que dé respuesta a las necesidades de la ciudadanía, sólida, efectiva y ágil. Tenemos ante nosotros grandes retos que exigen una profunda reflexión. Por este motivo, hace un año proponíamos en nuestro programa electoral abordar una política sanitaria que tenga cada vez más en cuenta el envejecimiento y la cronificación de las enfermedades, que implante las más modernas fórmulas de gestión y liderazgo; y que garantice el desarrollo de la eficiencia y la innovación. Estas líneas de trabajo no son muy diferentes de las que, en apariencia, promueve el Ejecutivo actual. Los criterios básicos que conforman la asistencia sanitaria pública en los países desarrollados de la UE son, en su mayor parte, comunes. Ahora es Rafael Bengoa, adalid de la revolución en el sistema, quien dirige nuestro sistema público de salud. Y muestra un pobre resultado tras ocho meses de gobierno sanitario en Euskadi, haciendo bueno el dicho de que una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo. Su equipo no cumple con las expectativas generadas, se percibe desgobierno, la inercia dicta la agenda del día a día, la crisis atenaza la modernización del sector y los trabajadores no parecen sumarse de forma entusiasta a sus proclamas. Tal es el desconcierto de los actuales dirigentes sanitarios vascos ante la situación de crisis económica que ora promulgan una 'ley seca' para prestaciones concertadas (recorte del 14%) e inversiones (30% de recorte), ora introducen enmiendas en los Presupuestos para financiar prestaciones claramente innecesarias y totalmente desproporcionadas, olvidando promesas de rigor y austeridad en el gsato. Por su parte, la política en materia de infraestructuras y equipamientos no parece seguir otra lógica que la del pan para hoy y hambre para mañana. Un claro exponente es el tercer hospital de Vitoria-Gasteiz. Esta reivindicación ha sido enarbolada por el alcalde Lazcoz, que se despreocupa de otros problemas, como organizar la ciudad cuando nieva, pero quiere dejar a toda costa 'su huella', aunque ni siquiera esté evaluada la necesidad de este equipamiento, que además fue inicialmente una estrategia del PP. Cualquier giro estratégico precisa la implicación de los trabajadores. Pero el actual equipo de Sanidad y Consumo no ha aportado ni una sola reflexión sobre la política que va a emprender en recursos humanos. Únicamente anuncia y desconvoca OPEs en función de la coyuntura. Para hacer la revolución hace falta, también, un buen equipo. Bengoa anunció que iba a rodearse de los mejores, independientemente de su ideología. Transcurridos ocho meses, el balance es más bien gris y triste. Los actuales dirigentes del Departamento parecen actuar desde la carencia de objetivos, la improvisación y, en muchos casos, el absoluto desconocimiento de las materias de las que son responsables, derivando lo que iba a ser un 'cambio revolucionario' hacia el caos más absoluto. En la estructura, se eliminan direcciones operativas y se sustituyen por otras con pomposos nombres, pero de hueco contenido. Se reasignan programas y funciones de un área a otra como en un juego de rol. Se contratan consultoras para todo. Éstas sí son hoy las estrellas de nuestra sanidad pública. En definitiva, se adorna la inoperancia con gran despliegue de medios, mucho marketing y recursos económicos desproporcionados dirigidos a controlar lo que iba a ser la pandemia del milenio, la gripe A. Y los resultados a la vista están: el Departamento de Sanidad, desaparecido en su acción gestora, y la gripe A, más débil que cualquier gripe estacional. Si de políticas de salud hablamos, exceptuando el fiasco de la gripe A y la teórica 'estrella' de la atención a los enfermos crónicos -todavía sin concretar-, nada sabemos. Eso sí, anuncian la creación de una Agencia de Salud Pública a lo largo de esta legislatura. ¿Sucederá como con las agencias de salud en la Comunidad Valenciana, donde se están generalizando las concesiones privadas para la prestación de la asistencia hospitalaria y primaria? La cruda realidad es que hoy, en Euskadi, muchos servicios se encuentran saturados y las listas de espera han sufrido desde la toma de posesión del consejero Bengoa un incremento injustificado. Les da igual, ellos siguen inmersos en la improvisación y la venta de humo. Si faltan profesionales sanitarios, la culpa es de la euskaldunización de Osakidetza, y proponen ralentizar el proceso de euskaldunización (como si no faltaran profesionales sanitarios en Murcia). Lo que no dicen es que el porcentaje de profesionales sanitarios bilingües está muy por debajo de ese mismo ratio en la sociedad a la que se deben (en términos globales, Osakidetza 20% y la ciudadanía 50%), y no cumplen con el ordenamiento jurídico vigente. Quienes vemos con preocupación este dilatado repertorio de desaciertos e ineficiencias exigimos a nuestros actuales gobernantes que encaren los problemas, se pongan manos a la obra y actúen con valentía y decisión de cara al futuro. Queremos saber cuál es la reflexión sobre el diseño del sistema sanitario para el siglo XXI que propone el actual Gobierno y si van a contar para ello con la colaboración de profesionales y usuarios. Cómo se va a desarrollar Osakidetza de forma equilibrada. Cuál va a ser su política en materia de recursos humanos y de infraestructuras sanitarias. En definitiva, ¿qué novedades van a aportar, más allá de los discursos grandilocuentes y repetitivos? El caso es que, como empezamos, terminamos: Quo vadis, Osakidetza?