Ante las próximas elecciones

Ante las próximas elecciones
02
Azaroa
2006
Iritzia

Las próximas elecciones municipales y forales se presentan, como poco, interesantes. A la situación de "alto el fuego permanente" por parte de ETA, hay que sumar el abandono por parte de EA de su coalición con el PNV. Todo esto se produce en un ambiente político en evolución. Hace unos meses, en el nacionalismo democrático se vivía cierta incertidumbre. Hoy, la situación ha cambiado radicalmente. Comencemos por el final.
En 1999, las elecciones municipales y forales tuvieron lugar en los días de la tregua de ETA tras el pacto del Lizarra. En aquella ocasión, el nacionalismo vasco democrático cedía votos a favor de EH, favorecida por la "ausencia de violencia". En aquellos momentos, esta última fuerza subió siete puntos en Gipuzkoa, otros tantos en Araba y 4,5 de Bizkaia.

Pero, el ambiente de 1999 era, sin duda, bien distinto. Por un lado, envolviéndose en lo que llamaban "espíritu de Ermua", el PP y el PSOE habían consolidado un frente antinacionalista (que se mantiene vivo en Araba, Santurtzi, Portugalete, Andoain,…) que tenía como principal objetivo "derrocar" al PNV. Unos decían que había llegado el momento del "posnacionalismo". Otros estaban convencidos de que la mejor forma de acabar con ETA era exterminar al PNV.

En 1999, EH aumentó con respecto a 1995 un 4,62 en Bizkaia; 4,6 en Araba y el 7,1 en Gipuzkoa. En aquella ocasión, el avance de EH (Batasuna) coincidió con el retroceso de PNV-EA que se habían presentado en coalición. Aún así, en Bizkaia, el nacionalismo democrático obtenía una representación del 37,14; en Araba, el 28,93 y el 34,73 en Gipuzkoa.

En enero de 2000, ETA rompió la tregua y el "pacto de Lizarra" soltó por los aires hecho añicos. El 13 de mayo de 2001, el nacionalismo democrático, enfrentado a la violencia de ETA y al frente PP-PSOE (muy crecido y con un masivo apoyo mediático), obtuvo los mejores resultados de su historia. La coalición EA-PNV logró el 43,77 en Bizkaia; el 33,85 en Araba y el 44,69 en Gipuzkoa.

En 2001, se formó un Gobierno de coalición PNV-EA y en lehendakari Ibarretxe inició la elaboración de un nuevo Estatuto. El Parlamento vasco aprobó el proyecto por mayoría absoluta, pero el texto fue rechazado por las Cortes españolas.

El lehendakari adelantó entonces la convocatoria electoral. No se sabía que los socialistas ya estaban negociando con la izquierda abertzale (formalmente ilegalizada). Los estrategas de ambas fuerzas no podían tolerar, en aquellos momentos, que Ibarretxe gobernase con mayoría absoluta. Así que nació el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Se consiguió, por un lado, evitar que la coalición PNV-EA consolidase su hegemonía en el campo abertzale. Por otro, un Gobierno con mayoría suficiente que estuviese obligado a pactar. La coalición nacionalista retrocedió con respecto a 2001: 2,8 en Bizkaia; 4,92 en Araba, y 6,39 en Gipuzkoa.

Entre tanto, se celebraron las elecciones municipales en las que la coalición PNV-EA obtuvo asimismo excelentes resultados. También fueron buenos los del PNV en aquellos lugares en los que se presentó en solitario. En esta ocasión, el nacionalismo democrático presentaba como principal credencial una gestión impecable. Bilbao y Euskadi (todo Euskadi) vivían los efectos del efecto Guggenheim. El pacto antinacionalista impidió que PNV-EA primera fuerza alavesa gobernase (con efectos devastadores para el territorio).

Las negociaciones PSOE-izquierda abertzale hicieron pensar a algunos que el avance electoral de ambas fuerzas sería in-evitable. Sin embargo, los avatares del proceso de paz, con los rebotes de la violencia, colocan al nacionalismo democrático -a pesar de la ruptura de la coalición por parte de EA- en una situación inmejorable. El mayor beneficiado sería el PNV en Bizkaia donde el efecto EA-Batasuna sería imperceptible (un 4+14%). Incluso podría aspirar a la mayoría absoluta. La gestión de la Diputación Foral ha sido impecable. En Araba, ese efecto es poco significativo (4+13). Eso sí, votar a EA es hoy dar la primacía al PP. La situación es más complicada en Gipuzkoa donde el efecto EA-Batasuna (puede arrastra a un 12+18) y los movimientos internos podría colocar al PNV como segunda fuerza, tras el PSOE.
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