Carta abierta a un candidato/a cualquiera

Carta abierta a un candidato/a cualquiera
20
Otsaila
2007
Iritzia

Atribulado/a amigo/a: Ya no hay vuelta atrás. Tu partido o coalición te ha incluido en las listas para las elecciones municipales y forales del 27 de mayo, luego ya eres candidato, nada menos; una categoría que unas veces considerarás un privilegio merecido y otras veces una pesada responsabilidad de la que te sentirás arrepentido y agobiado. Habrá días que te preguntarás qué haces tú metido en este follón y arrebatado del dulce anonimato; pero gozarás también de momentos de gloria y paroxismo: nada es comparable al sentimiento de una persona la primera vez que se ve expuesto en un gran cartel electoral por las calles de su ciudad. He visto, créeme, a gente llorar de felicidad al contemplarse enorme en una valla, colgado de su forzada sonrisa.
Resígnate, pues, a aceptar esta carga porque te esperan más de tres meses en los que tendrás que poner a prueba tu fortaleza personal, tu paciencia ciudadana, tu consistencia ideológica, así como el sentido del ridículo y la osadía, virtudes complementarias, para acometer la larga marcha de una campaña que te resultará tanto más o menos dura según sea ésta tu primera experiencia como candidato o seas un curtido repetidor. No es lo mismo partir como aspirante con posibilidades ciertas de resultar elegido que estar de relleno en una lista, haciendo bulto, aunque no debes olvidar que tan candidato es el primero de la plancha como el último. Si tu suerte es la reelección, vivirás la misma angustia de quien se somete a una reválida impertinente y padecerás un extraño sentimiento defensivo, pues no hay dolor más cruel y mayor humillación que ser desposeído del poder, censurado por las urnas, después de haberlo disfrutado algún tiempo. Sic transit gloria mundi.

He vivido en primera línea tantas campañas electorales y he visto la ilusión y el padecimiento de tantos candidatos que no puedo sino sentir ternura y admiración por la fe y el temor con que afrontas los próximos comicios. La democracia, aún con sus taras e insuficiencias, es una gran ceremonia moral y precisa en su débil pero imparable movimiento que personas como tú se suban a la tarima para ofrecer al pueblo reunido en la plaza su trabajo y empeño por la gobernación de la ciudad y la felicidad pública. Te admiro por tu sacrificio y la sublime ingenuidad con que concurres. Permíteme algunos consejos útiles para que tu camino de candidato resulte más llevadero y evites los errores de los que te precedieron. La primera virtud del espirante es la humildad: reconocer tus limitaciones y las propias del sistema te salvará de la frustración, mal del que mueren íntimamente casi todos los políticos. No te creas importante por el cargo al que aspiras. Sé humilde siempre a fin de conservar intacto tu propósito de servicio público y la dignidad ante ti mismo.

La vanidad será, más que tus oponentes, tu peor enemigo. Primero, te convierte en la caricatura de tu persona y, segundo, te aleja de la gente. Sé siempre accesible con todo el mundo, dedica todo el tiempo que puedas a escuchar y evita permanecer encerrado en la vanagloria de tu candidatura. Vive la realidad cotidiana de tu comunidad y acepta las molestias de la gente que te venga a suplicar favores, contarte sus problemas, requerir tu subvención o pedir que le retires una multa de tráfico. Es el peaje mínimo de todo candidato. ¿O prefieres ser profesional de la "clase política", una aristocracia que padece por merecimiento la lejanía y desconfianza popular? Aprenderás en este tiempo a distinguir a los verdaderos amigos, que te dirán la verdad con afecto y crudeza, de las falsas amistades, que procurarán halagarte con contraproducente afán de protección.

Es importante que gestiones con prudencia las promesas, que son la más fácil tentación del candidato. No puedes prometer cosas que no sabes si podrás cumplir, ni puedes negar que intentarás resolver los problemas que te presenten. Tú solo no puedes cambiar el mundo, amigo/a mío/a, y, además, no es políticamente compatible poner una vela a Dios y otra al diablo, salvo que quieras ir de cínico. Formas parte de un sistema humano, pero no eres en absoluto un producto, por mucho que lo digan Risto Mejide y otros seguidores de la pedantería. No permitas considerarte como mero instrumento de un tinglado que no controlas; la democracia tiende a ser participativa, por lo que deberás prescindir del individualismo y trabajar en equipo, coordinando esfuerzos e iniciativas con todos. Es muy gratificante contar siempre con el grupo. Sé comunicativo, intenta ser cordial y ante los riesgos de traicionar tus principios no dejes de invocar este tramo de plegaria: "no nos dejes caer en la tentación". Si te muestras débil y adquieres compromisos forzados, sucumbirás a la deshonestidad.

Para estar a la altura de lo que ti se espera tienes que responder a la gran pregunta: ¿Para qué estoy aquí? Según cuál sea la respuesta, tu experiencia de candidato será sublime o miserable. La vocación de servicio público es la única motivación del aspirante a la representación democrática. No estás para salvar a nadie, ni para cumplir un trámite cuatrienal. No asumes un sacrificio: es un honor. Estás para servir a tu pueblo, administrar con solvencia los recursos generales y cumplir los numerosos anhelos colectivos. Prepárate a la entrega. Que tu candidatura y tu trabajo no sean infértiles.
PARTEKATU