Después del Aberri Eguna

Después del Aberri Eguna
16
Apirila
2007
Iritzia

¿Qué es el nacionalismo vasco? Es la doctrina según la cual el ciudadano vasco pasa de ser objeto a sujeto de todas su decisiones para, de esta forma, construir la Nación Vasca. En ambos casos, el derecho a decidir y la construcción nacional son procesos diacrónicos y necesariamente democráticos (la consideración de las mayorías, respetando a las minorías). En estos momentos, la doble imposición -la constitucional y la de la imposición de estrategias por parte de una minoría armada y muy violenta- constituyen obstáculos casi insalvables en el desarrollo de ambos procesos.
El nacionalismo vasco en JEL nace de una doble ruptura. Entre 1839 y 1876, el sistema foral que explicaba las relaciones entre los territorios forales y la Corona es abolido por la fuerza y, en muchos casos, por medio de la ocupación militar. No hay que olvidar que, tras la última guerra carlista, quedaron en el país casi cien mil tropas de ocupación, dando lugar a no pocos incidentes entre ocupantes y ocupados. Por otro lado, como ocurre en Francia o en Italia, son instrumentos básicos del Estado centralista: la escuela nacional, la Guardia Civil (como policía única) y el "Código de Napoleón". En segundo lugar, el nacionalismo rompe con la interpretación que de las Leyes Viejas hacían carlistas y fueristas.

En las dos primeras décadas de su vida, el nacionalismo centra su horizonte estratégico en la "vuelta a la situación de entre 1798 y 1839". Es decir, lo que fue definido posteriormente como "reintegración foral plena". Luego, el objetivo se centró en la consecución de un régimen de autonomía. Todo este debate se produce durante el llamando régimen de la Restauración, de escasas virtudes democráticas y la dictadura de Primo de Rivera.

El nacionalismo vasco en JEL alcanza su madurez en un momento en el que, en Europa, se vive la pugna entre las dos grandes corrientes totalitarias: el comunismo, de un lado, y el nazi-fascismo, de otro. Son además los años de la II República española en que también se logra, si bien de forma efímera, un régimen de autonomía.

Llegaron la Guerra Civil, la Guerra Mundial y la Guerra fría. El nacionalismo vasco en JEL se alineó frente todos los totalitarismos: el nazi-fascista y el comunista. Así, de las tres últimas guerras del siglo XX, perdió una y ganó dos.

Asimismo, entre 1930 y 1950, se produce una importante evolución en las ideas del nacionalismo. La raza o la historia ya no explicaban la nacionalidad. Ni siquiera los Fueros. Es cierto que, hasta 1876 (hasta 1789, en el caso de Iparralde), el régimen foral definía unas comunidades organizadas y, por ejemplo, según la Constitución de 1978, son sujeto de derechos históricos. Para Sabino de Arana-Goiri, Euzkadi, la Patria de los vascos, sería el resultado de la "confederación de los estados vascos". En la Declaración del EBB de 1949, recuperada por Josu Jon Imaz en 2004, la voluntad de los vascos se convertía en fuente de derecho y en la esencia de la construcción nacional.

En la Asamblea Nacional celebrada en Iruñea en 1977, se actualizaron las doctrinas y estrategias del PNV y se renueva la dirección del partido, entrando la generación de la postguerra, aunque manteniendo el vínculo con la historia y aprendiendo de la misma. No hay que olvidar, por otro lado, que todavía no había condiciones democráticas. El Aberri Eguna de aquel año convocado en Gasteiz fue prohibido y, por ejemplo, los nacionalistas tuvieron que desviarse a Loyola para poder celebrar la Fiesta Nacional.

Aún así, todos se preparaban para acudir a las elecciones que debían celebrarse a finales de primavera. En el campo abertzale, cada uno de los partidos, nuevos y viejos, estaban seguros que iban a obtener una representación suficiente como para erigirse en vanguardia o fuerza dirigente del nacionalismo vasco, especialmente aquéllos que se reclamaban de "izquierda" y, sobre todo, las organizaciones vinculadas a las ETAs.

ETA militar no las tenía todas consigo y trató de forzar una especie de "frente nacional" en un reorganizado Gobierno vasco, esta vez presidido por Monzón (lógicamente, había que destituir a Leizaola). Por otro lado, se trataba de boicotear la convocatoria electoral. Con este fin, hubo una reunión en Xiberta que resultó un fracaso de tal calibre, que, al final, se quedó en anécdota histórica.

No se rompió el Gobierno vasco, todas las fuerzas abertzales o reclamadas abertzales (excepto HASI) se presentaron a las elecciones y, tras éstas, quedó bien clara una cosa: el PNV iba a convertirse en la fuerza hegemónica en el campo nacionalista y abertzale y en referencia imprescindible en el campo democrático. Y, gracias a ello, pudo iniciarse el camino hacia la construcción nacional: desde un sistema de autonomías y, al mismo tiempo, recuperando instituciones abolidas desde 1876, como las Juntas Generales.
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